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“Si
se van corriendo los velos de la tradición para encontrar la esencia de un
artista, uno reconoce la razón de su trascendencia y aquello que de su
grandeza nos conmueve. La
genialidad conmueve y la libertad y la dimensión creadora también. Mozart
es contagioso en el mejor de todos los sentidos, contagia fantasía,
romanticismo, tensión, picardía y un agudísimo humor. Ese contagio nos
conmueve y esa emoción nos invita a jugar desde la propuesta escénica un
calidoscopio espacial que tome la forma que la acción y el espectador
necesiten, que podamos completar la fantasía según nuestro propio gusto por
los enredos. En
“Las Bodas de Fígaro” hay mucho de teatro en el sentido puro de la acción.
Los personajes hacen, van, vienen, mienten, se disfrazan, aman, desean, odian
y toman decisiones vertiginosas que le dan a la trama un dinamismo atrapante. En
la acción y en lo musical los cantantes son los dueños de nuestra curiosidad
y ellos son los motores de esta propuesta de fuerte compromiso corporal y
actoral que nos hace sentir el peligro de esas puertas
que siempre están a punto de abrirse.”
por Claudio Tolcachir
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